El martes 11 de febrero, la Sra. Nanda Bezerra dirigió la Noche de Mujeres en la Catedral de los Milagros en Londres. Había una gran expectación por este encuentro, y una de las presentes, Claire, compartió sus expectativas antes del evento:
“Espero aprender cómo convertirme en una mejor mujer, porque cada vez que participo a una reunión de mujeres, descubro algo sobre mí misma que no me había dado cuenta que estaba ahí. A veces pienso que estoy bien, pero Dios siempre me revela algo en lo que necesito trabajar, así que espero lo mismo esta vez. Llegué temprano para sentarme en primera fila y evitar distracciones, porque quiero recibir todo lo que Dios tiene para mí.”
La Sra. Nanda abrió la reunión abordando el tema de la justicia. Afirmó: “La justicia es algo que todos deseamos. Está en nuestra naturaleza, pero vivimos en un mundo lleno de injusticia. Volvamos al principio—cuando Dios creó al hombre y a la mujer.”
Para ilustrarlo, comparó la preparación de Dios para Adán y Eva con la de unos padres que esperan un bebé. Antes de que llegue su hijo, preparan la habitación, compran ropa y organizan todo. De la misma manera, antes de crear a Adán y Eva, Dios preparó un lugar perfecto para ellos: el Jardín del Edén. Este paraíso estaba libre de injusticia, dolor y sufrimiento. Sin embargo, cuando el pecado entró en el mundo, todo cambió. Adán y Eva fueron expulsados del paraíso y entraron en un mundo gobernado por el mal, donde comenzó la injusticia.
La Sra. Nanda relacionó esto con las presentes, explicando que muchas de nosotras experimentamos dolor, rechazo o traición desde una edad temprana. Compartió una historia personal de su infancia, cuando sufrió una enfermedad que le dificultaba respirar. Una noche, llamó a su madre para pedir ayuda, pero ella la ignoró, pensando que solo estaba molestando. Este momento dejó heridas emocionales profundas, causando resentimiento y una relación tensa con su madre durante años.
Luego, preguntó a la audiencia:”¿Y vosotras? ¿Podéis recordar un momento en el que sufristeis una injusticia? El dolor que llevamos de estas experiencias nos afecta de maneras que ni siquiera nos damos cuenta.”
La Sra. Nanda explicó que el dolor moldea nuestras creencias y acciones. Muchas mujeres construyen muros emocionales, diciendo “No necesito un hombre”, o desarrollan una mentalidad defensiva debido a heridas del pasado. Sin embargo, enfatizó que buscar nuestra propia justicia solo nos lleva a más sufrimiento. En cambio, debemos buscar la justicia de Dios, como es enseñado en Mateo 6:33:
“ Pero buscad primero su reino y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.”
Uno de los caminos clave para abrazar la justicia de Dios es a través del perdón. La Sra. Nanda reconoció que perdonar es una de las cosas más difíciles que Dios nos pide hacer. Cuando nos traicionan, nos mienten o nos maltratan, nuestra reacción natural es el enfado y el deseo de venganza. Sin embargo, la verdadera sanidad llega cuando elegimos perdonar.
Compartió su propia lucha con el perdón hacia su madre. Tras años de resentimiento, finalmente decidió orar por ella. Al principio fue difícil, pero cuando lo hizo, sintió que se quitaba un peso de encima, y el dolor que la había controlado durante años perdió su poder.
El perdón no significa justificar la injusticia, sino entregarla a Dios. Su justicia es mayor que la nuestra. Citó las palabras de Jesús en Mateo 6:22-23:
“…Por eso, si tu ojo está sano, todo tu cuerpo estará lleno de luz. Pero si tu ojo está malo, todo tu cuerpo estará lleno de oscuridad.”
La Sra. Nanda alentó a las mujeres a reflexionar sobre si querían vivir en luz o en oscuridad. Aferrarse al dolor, la ira y el resentimiento nos lleva a la oscuridad, pero elegir la justicia de Dios a través del perdón nos llena de luz.
La reunión concluyó con una oportunidad para que las mujeres se acercaran al Altar para hablar con Dios y liberarse de las heridas del pasado.
Después del encuentro, Lara, una de las presentes, compartió su experiencia:
“Esta reunión de mujeres me enseñó la importancia de mostrar compasión, misericordia y perdón a los demás, considerando sus perspectivas en mi vida diaria. A veces no sabemos qué experiencias han moldeado a una persona o qué luchas ha enfrentado antes de que sus palabras o acciones nos hieran. Estos encuentros son invaluables porque, como mujeres, enfrentamos desafíos únicos. Dios nos creó diferentes, y cuando participo en estas reuniones, siento que Su Palabra está siendo personalmente dirigida a mí.”
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